sábado, 12 de septiembre de 2009

Adiós al Verano en Casa Pistón


Como ya sabemos, cualquier escusa es buena para darnos un festín y pasar un rato agradable charlando riendo y bailando. Esta vez la culpa de nuestra fiesta ha sido el fin del verano.

Lo hemos celebrado en Casa Pistón, cuyo nombre se debe a un perro que tuvieron Simón y Susi al principio de tener el campo y Simón decía “Voy a Casa Pistón” y así se quedó. Pistón un día desapareció y no se volvió a saber nada de él, no se sabe si se emancipó y se marchó con alguna perrita de buen ver o cansado de la rutinaria vida en El Campet, se emperró en vivir sus propias aventuras perrunas. Pistón, donde quieras que estés, siempre te recordaremos.

Echamos de menos a Pepe, Rosi, Pascual y Maria Dolores. Vinieron hasta los profes de la escuela de Novelda, Conchi y Andrés.

Simón y Susi como buenos anfitriones, prepararon todo con mucho gusto y cariño. Simón se mete en su laboratorio y lo mismo cocina una sepia al vino tinto, una ensalada huertana con productos frescos del terreno, un pavo para chuparse los dedos, un revuelto de salmón o unas alitas de pollo que te las quitan de las manos. Susi hizo las tortillas, un asado de berenjena, una ensaladilla que se ganó varios elogios por parte de los comensales y algunas cosas más. Hay que hacerles a los dos un diploma.

Antonia1 hizo unos caracoles que según José Antonio no estaban bien engañados y que parecían de goma porque se escondían, pero eso no era ningún problema para Juan, Fernando y Paco que dieron buena cuenta de los moluscos, apurando todos los platos y no paraban de mojar pan en la salsa. ¡Que ricos!

Ascen y Paco trajeron un vinillo blanco de su pueblo Daimiel, que para que te quiero contar. Ligeramente dulce y muy fresquito entraba directo al cuerpo, para alegrar el corazón y el espíritu.

Hubo pique con los pimientos de Simón "Que unos pican y otros...también". Solo hubo dos o tres personas que, o bien tienen la boca de hojalata o realmente les tocaron los de “otros no”, porque se los comieron hasta el pezote. El resto de gente(que eran la mayoria), con el primer bocado tuvieron bastante, apuraron sus vasos de cerveza y se llenaron la boca de pan. Se los dejaron en el plato a falta del mordisco de la punta. Después los enseñaban y retaban a los valientes a terminar de comérselos.

Juan de Dios decía que él no invitaría a esos pimientos ni a su peor enemigo. ¡Hombre, eso no se hace! Que se la tiene guardada a Simón y al Cuqui, y con un pimiento en alto cual caballero con su lanza, les amenazaba como los culpables de cultivar a las inocentes verduras. Dijo que luego va a imprimir en papel alguna foto de ellos y les va a restregar el pimiento en las caras hasta que lloren.


Entre bocado y bocado todavía nos daba tiempo para la tertulia, la charla y la risa.

Se bromeó con las panochas de maíz del Cuqui, Fernando y Simón. Que no se ponían de acuerdo cual era de quien. Que si la tuya es la corta, que si la mía es la larga, que si la tuya es la que está pelá…


Salió el tema del burro (cinco patas) del vecino y de su compañero el caballo percherón, que cuenta Simón que le hace gracia verlo con sus fuertes patas, su espalda curvada que hace como un tobogán y el culo ese que tiene tan respingón. Fernando dijo que con la figura que tiene se parece a las hormigas de carrera. ¡¡Que me has dicho!! Entre los comentarios de Fer y la risa contagiosa de Juan de Dios casi llorábamos de risa, por si no habíamos llorado bastante con los pimientos...

Que si.- continuaba Fernando. Que esas hormigas tienen un parecido a las motos de carrera con el culo levantado... Y es posible que en ese momento nos viniera a todos a la memoria cuando por nuestra estatura vivíamos tan cerca del suelo y nos tirábamos a jugar en la tierra y les hacíamos trastadas a las hormigas, poniéndoles algo en medio de su camino para despistarlas o simplemente para observarlas y aprender en vivo y en directo lo que es la naturaleza, sin necesidad de verse los documentales de la tele.

María Ángeles trajo una jarraza de margarita y un bizcocho de almendra que había hecho su padre. Que desaparecieron también como por arte de magia.

Los Antonios trajeron una de sus especialidades, su tarta de manzana, que como siempre el Antonio quiere atribuirse los meritos de haberlo hecho él y bromean con este tema, aunque todos sabemos que la maestra repostera es Antonia aunque él siempre colabora algo. Ellos dicen que son un equipo.

Una vez terminamos con la parte comestible de la fiesta, vino la parte lúdico-músico-bailarina. Nos movimos con ganas para ver si con un poco de suerte desgastábamos algo de lo que nos habíamos metido en el cuerpo, aunque Ramoni tenía poco que desgastar, pues llevaba ya dos días con el reloj de su cuerpo estropeado o sin pilas y no estaba el horno para bollos. Pero bailó como todos.

Combatimos el fresquito que había dejado la lluvia de la tarde y que nos aunciaba que el verano esta ya haciendo las maletas.

¡Adiós verano!