Y así lo hicimos y lo pasamos muy bien, pegándonos unos bailoteos. Cada vez lo hacemos un poco mejor, los brazos ya nos hacen un poco de caso, ¡sin olvidarnos de los pies!
La profesora Meli y un amigo nos dejaron con la boca abierta demostrándonos mucho arte. Para bailar bien sevillanas, hay que meterse en el papel y creérselo.